El caos es real.

La maternidad nos cambia y nos invita a cosas increíbles. Cuando nace un hijo, acontece también el nacimiento de una madre, ¿cierto? Una nueva faceta que se suma a las demás: la de profesional, la de hija, la de esposa, y así. Esta sumatoria nos deja de cabeza porque encontrar un equilibrio entre todas ¡vaya que es un reto!

Si te defino en una palabra mi primer año como madre usaría: CAOS. Si les pidiera a mis amigas (que son de esas que sin filtro van diciendo lo que piensan), concluirían lo mismo. Y si le pusiera la misma tarea a mi gente cercana les vendría la misma palabra a la mente, al menos a un 80% (depende de la cercanía que hayan tenido conmigo en ese momento).

No somos mujeres perfectas

Imagíname riendo porque es justo lo que hago ahora, luego de terminar el párrafo anterior.  Echo el casete para atrás y recuerdo esas veces en las que quería huir de mí misma porque la mayoría del tiempo andaba de un mal genio qué ¡ufff! Y si no era eso, eran: nervios, miedo, dolor, o incertidumbre, porque el nacimiento de una madre es retador. No fue fácil, pero aquí estoy haciendo el ejercicio de aceptarme tal como soy, y eso dice mucho de cómo a partir de un punto en mi vida comencé a ponerme orden, a amarme más, a aceptarme y a decirme: Wait, tómalo con calma. Estamos lejos de ser mujeres y madres perfectas, y siempre cometeremos algún error, pero hacemos nuestros mejores esfuerzos para llevar adelante todos los desafíos de los que nos toca hacernos cargo.

Criar de formas distintas no está mal

Somos madres con formas distintas de hacer las cosas con nuestros hijos, pero somos una maravilla. Siempre habrá alguien diciéndonos ‘Mala madre’ por x, y, o z razón, pero que eso nos tenga sin cuidado. Si supieran nuestros cuentos otro gallo cantaría.

¿Cuáles son tus cuentos de madre?