Prácticas divertidas y caseras en la terapia de lenguaje

Prácticas divertidas en la terapia de lenguaje

Los procesos de terapias y la estimulación temprana no tienen por qué ser aburridas.  Nuestros niños, aunque están llenos de energías, se aburren rápido de lo mismo. ¿Quién no? Aquí encontrarás: prácticas divertidas en la terapia de lenguaje. ¡Acción!

¡Enseñarles mediante el juego! 

Hay prácticas sencillas, caseras y divertidas que me ayudaron a estimular el desarrollo del lenguaje en mi hija que a sus dos años aún no hablaba con la agilidad que otros niños lograban incluso mucho antes de este tiempo. Pero las comparaciones lejos de ayudarnos nos pueden llevar a sentir frustación y preocupación. Recordar que cada niño va a su ritmo y que, en el caso de bebés y niños que atraviesen problemas en su desarrollo, a consecuencia de alguna condición en particular de salud, irá a otro ritmo.

A continuación te contaré las buenas prácticas que me compartieron algunos profesionales de la salud involucrados en el área del lenguaje. Mi hija estuvo en diversas terapias por un lapso de casi 5 años a raíz de la historia que vivimos tras su nacimiento. Terapias es igual a trabajo en equipo. El tiempo de atención en el hospital no es tanto, pero sí el suficiente para que el terapeuta evalúe el progreso de su paciente y nos brinde, a los padres, las instrucciones con las que podremos hacer nuestra parte en casa.

¡A jugar!

Prácticas divertidas en la terapia de lenguaje

1. Lo primero es buscar su atención, ponerse al nivel de tu hijo y lograr que siempre te mire al hablarle.

2. Pinta tu boca con un labial rojo o de cualquier otro color llamativo para que al mirarme tu hijo note los movimientos que haces al decir cada palabra. Tú, articula muy bien cada palabra que digas.

3. Háblale pausado, pero con mucho dinamismo.

4. Siéntanse artistas y actúen como si estuvieran dando un concierto. Para esto selecciona previamente canciones que sean contagiosas, aptas para niños, y que sobre todo sean repetitivas con cierta(s) palabra(s).

5. Frente a frente jueguen a hacer burbujas con agua y jabón. El movimiento que hacemos al soplar para que salgan las burbujas ayuda a que saquen sus labios. Jugar a soplar un silbato también es muy bueno. (con cuidado y siempre bajo observación).

6. Evita, en la medida de lo posible, que se chupe el dedo.

7. Bríndale a tus hijos la oportunidad de que piensen y se esfuercen. Tienen una etapa en la que para pedir las cosas solo las señalan. Lo que yo hacía era mencionarle todos los artículos que estuvieran cerca para que así, se animara a pronunciar el nombre de lo que quería exactamente. Cuando lo intentaba, así no lo dijera del todo bien, se lo brindaba y cada vez lo iba diciendo mejor.

8. Llévalos a la experiencia. Si por ejemplo les hablas de los árboles y la hierba, llévalos al patio o al parque para que los exploren. Y así con cada cosa que se te ocurra y/o encuentres en los libros infantiles que les leas. Todo en la práctica es mejor.

¿Qué te parecen? Como lees, son prácticas divertidas con las que podemos llevar adelante la terapia de lenguaje. Pero… hay un secreto: funcionarán con la constancia. La constancia es una de los ingredientes no mágicos en estos procesos.

¿Las has probado? ¿Te ha funcionado algo más? ¡Cuéntanos!

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